
Dejamos atrás Valdelinares en la provincia de Teruel , donde por fin nos han dado el diploma por sobrevivir a sus 1692 metros de altitud y nos subimos al Seat 131 Supermirafiori con los labios todavía cortados por la rasca. Para que el motor entre en calor, nos vamos a dejar caer ladera abajo, literalmente. Ponemos rumbo sur, cogemos la A-23 (la famosa Autovía Mudéjar) y, tras unos 110 kilómetros en los que casi quemamos las pastillas de freno, cruzamos la frontera y nos adentramos en la provincia de Valencia, en la comarca de Los Serranos, para llegar a nuestro destino: Alpuente. Alpuente es un municipio que cuenta con 670 habitantes, lo que le da un estatus de metrópoli dentro de la España Barbaciada. Su gentilicio es alpuentino o alpuentina. Pero ojo, que la población tiene truco, porque aquí la gente no vive toda junta. Están diseminados en una galaxia de pedanías y aldeas con nombres que son pura fantasía: Corcolilla, El Collado, Baldovar, La Cuevarruz y, para no calentarse mucho la cabeza, Campo de Arriba y Campo de Abajo. En el siglo XI, cuando el Califato de Córdoba se fue al garete y se rompió en mil pedazos, Alpuente dijo "sujétame el té con hierbabuena" y se constituyó como un reino independiente: la Taifa de Alpuente. Sí, amigos, gobernados por la dinastía de los Banu Qasim, tuvieron su propio rey, sus propias fronteras y acuñaban su propia moneda. Imaginaos a menos de mil tíos gobernando su propio país con casinos y furcias. Por supuesto, como era un punto estratégico, por aquí pasó el Cid Campeador a pedir peaje, hasta que finalmente la zona fue conquistada para la causa cristiana por nuestro ídolo absoluto y protagonista en la sombra de esta sección: Jaume I, el Conqueridor. Pero si nos vamos más atrás en el tiempo, mucho antes de Christopher Lambert, aquí hubo vida a lo grande. Alpuente es famosísimo por sus dinosaurios. Al igual que vimos en otras etapas, aquí se han encontrado fósiles importantísimos del Jurásico y el Cretácico. En la aldea de Corcolilla se pueden visitar icnitas. Para los de la LOGSE, las icnitas son huellas fosilizadas de dinosaurio. Vamos, que hace 140 millones de años un bicho de tres toneladas pisó el barro, y hoy nosotros pagamos entrada para hacerle fotos a la pisada. Su patrimonio histórico es tan contundente como sus cuestas. En lo alto del pueblo están las ruinas del Castillo de Alpuente, construido sobre un peñón de roca espectacular. Durante las Guerras Carlistas, que en esta sección son como la orquesta de las fiestas de prao (inevitables), el castillo fue el cuartel general del general Cabrera, el "Tigre del Maestrazgo". Al final lo bombardearon tanto que lo dejaron para hacer un parking. También destaca el Acueducto de Los Arcos, que todo el forastero que llega dice que es romano, pero los aguafiestas de los arqueólogos insisten en que es medieval. Sus fiestas mayores se celebran en mayo (la Fiesta de las Mozas) y en agosto. Y ojo a la gastronomía: estamos en la serranía valenciana, así que no busquéis paella. Aquí te calzan una olla churra o unas gachas con tajadicas de cerdo, que te tapan las arterias coronarias pero te dan una energía que subes al castillo a la pata coja.
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