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by TonyduCast
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19 Septiembre San José María de Yermo y Parres San Jenaro 1Corintios 15, 35-37. 42-49: “Se entierra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible” Salmo 55: “Caminaré en presencia del Señor” San Lucas 8, 4-15: “Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto y dan fruto por su constancia” Señor, tus explicaciones de la parábola de la buena semilla hoy llegan hasta mi corazón y me hacen estremecer. ¿Cómo no temblar al saber que has tenido tan gran magnificencia que a pesar de ser yo un terreno de camino, donde todos pisan, donde todos pasan, donde los pájaros se llevan lo bueno, te arriesgas a sembrar tu palabra? El diablo, vestido de diversiones, fantasías, nuevos intereses, amenaza con llevarse hoy tu palabra, tu buena semilla. Mírame, rómpeme para que pueda penetrar tu palabra a lo profundo de mi corazón. Es cierto que otras ocasiones he escuchado tu palabra con mucha alegría, pero también es cierto que a la hora de la prueba no la he dejado enraizar, que la acepto superficialmente porque tu palabra compromete, exige, y yo no soy dado a hacer compromisos. Poco me dura el gusto y a las primeras tentaciones, a las primeras dificultades, me hago disimulado y olvido tu palabra. Aunque la recuerdo con gusto, pero no soy capaz de aceptar compromisos. Quita las piedras de mi orgullo y mis malas aficiones, quita las piedras de mis envidias y mis rencores, dale profundidad a tus palabras para que me puedan dar verdadera vida. Tus explicaciones de la tercera tierra también me tocan directamente: las espinas de mi afán de riquezas y placeres, mi egoísmo y la búsqueda de mi mismo, han ahogado con frecuencia la Palabra que un día había recibido con gusto. ¿Podrías limpiarme un poco y quitar de este campo todas esas espinas que ahogan la vida, la generosidad y el servicio? Señor, también tengo que reconocer que a veces he sido tierra buena, no con tanto mérito mío, sino con tu gran misericordia. A pesar de mis miserias he encontrado frutos buenos en mi vida y cómo me he gozado con tu presencia. Señor, aquí tienes mi tierra, aquí tienes mi vida: sigue sembrando tu Palabra en mi corazón, porque si Tú no siembras se acaba la esperanza.
18 Septiembre BEATOS JUAN BAUTISTA y JACINTO DE LOS ANGELES, Laicos, “Mártires Oaxaqueños” 1 Corintios 15, 12-20: “Si Cristo no resucitó, vana es la fe de ustedes” Salmo 16: “Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración” San Lucas 8, 1-3: “Los acompañaban algunas mujeres que los ayudaban con sus propios bienes” Es muy significativa la presencia de la mujer en el evangelio de San Lucas. No solamente es el evangelio que más habla de María, sino con frecuencia hace alusión a la relación de Jesús con las mujeres y al acompañamiento que ellas hacían. El breve pasaje que leemos en este día es muy relevante porque junto a los Doce, el grupo selecto, San Lucas coloca a este grupo de mujeres que van con el Señor. No son un grupo amorfo, está conformado por mujeres que realmente son seguidoras de Jesús, que han sentido en su vida su presencia, que las ha levantado y que ahora están dispuestas a ayudar con sus bienes a la misión que Jesús les presenta. En nuestras comunidades, en las familias y en las ciudades, es muy importante la labor que realiza la mujer. La mujer es en el hogar el verdadero sostén de los valores espirituales y morales de la familia. Todos recordamos con cariño y admiración cómo nuestras madres fueron sembrando en nosotros el amor a la verdad, la honradez, el trabajo y la dedicación. De sus labios aprendimos las primeras oraciones. Es cierto que no podemos reducir su ámbito al hogar y que ahora muchas mujeres participan de la vida social y pública y que emprenden muchas empresas con éxito. Es una gran riqueza que aportan en todos los espacios. Ojalá que no descuiden esta tarea tan importante de transmitir los verdaderos valores donde quiera que se encuentren. San Lucas las presenta como testigos de resurrección, como fieles seguidoras junto a la cruz, como portadoras de alegría y evangelio. Que la mujer se abra a nuevos horizontes pero que siempre lleve en su ser ese gran don de transmitir vida, no solamente física, sino vida espiritual y una gran esperanza.
17 septiembre San Roberto Belarmino Santa Hidelgarda de Bingen 1Corintios 15, 1-11: “Esto es lo que predicamos; esto es lo que hemos creído” Salmo 117: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno” San Lucas 7, 36-50: “Sus pecados le han quedado perdonados, porque ha amado mucho” A través de todo el evangelio de San Lucas encontramos, como en ningún otro, una relación muy especial de Jesús con los pobres, con los marginados, con las mujeres, pero en especial con todos los pecadores. Todo esto, en contra de un pueblo cuya mentalidad y tradición marginaba de una forma fortísima y hasta humillante a quien consideraban contaminado, impuro o pecador. No podrían ver jamás con buenos ojos que una mujer pecadora y considerada de mala fama se acercara a Jesús y tuviera esas familiaridades que ni el propio dueño de la casa había tenido. Juzgamos nosotros muy duramente al fariseo, pero pongámonos en su lugar y creo que no sería muy distinta nuestra forma de pensar y de juzgar. Es más, con frecuencia sucede en nuestros círculos que, a personas, ya no digamos de dudosa reputación, sino simplemente que las consideramos sospechosas, les hacemos el vacío y las tratamos con indiferencia y lejanía. A muchos suena escandalosa la actitud y comentarios del Papa Francisco frente a quienes condena la sociedad. Pero sólo sigue el plan de Jesús que, para manifestar la misericordia del Padre, tiene una actuación muy diferente: reconoce que puede haber pecado e invita al pecador a convertirse, pero no puede condenar a quien ha pecado sin antes haberle dado la oportunidad de una conversión. Nos muestra a un Padre Dios infinitamente misericordioso que no juzga y que espera la más mínima muestra de amor para conceder el perdón. El hermoso pasaje de este día encierra dos grandes enseñanzas. La primera se refiere a nuestra actitud que tiene que ser de un corazón misericordioso, abierto a los demás, capaz de amar y perdonar, que no esté dispuesto a juzgar el pasado de las personas. La segunda se refiere a nuestra relación con Dios: nunca tendremos mayor pecado que dudar de su amor y misericordia. Debemos reconocer que siempre está dispuesto a otorgar el perdón a quien da muestras de conversión. Por más grande que sea nuestro pecado, siempre será mayor el amor y la misericordia de Dios. No podemos dudar que nos perdona mucho porque nos ama mucho, pero también a quien mucho se le ha perdonado lo debe amar muchísimo y demostrarlo con sus obras.
16 Septiembre Santos Cornelio y Cipriano I Corintios 12, 31- 13, 13: “Entre estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor, el amor es la mayor de las tres” Salmo 32: “Dichoso el pueblo escogido por Dios” San Lucas 7, 31-35: “Tocamos la flauta y ustedes no bailaron, cantamos canciones tristes y no lloraron” ¿Quién puede dar gusto a todas las personas? Bien dice el refrán popular: "No soy monedita de oro...", unos condenan y aborrecen lo que otros buscan y prefieren. Lo que hoy era lo más agradable y solicitado, mañana se convierte en pasado de moda y detestable. ¿Cómo agradar a los hombres? El mismo Jesús reclama a su generación esta incongruencia de exigencias. Lo que rechazaban en Juan el Bautista ahora lo exigen del Mesías, y lo que condenan del Mesías, antes lo solicitaban del Bautista. Cuando se tiene el corazón en lo exterior, siempre habrá manipulaciones e inconformidades. Jesús invita a mirar lo que hay en el corazón. San Pablo en su carta a los Corintios nos ofrece este día el bello pasaje que conocemos todos como el himno del Amor y nos centra en lo que es importante y puede llenar el corazón. Ni los extremos del ayuno que hacía Juan el Bautista, ni los milagros de Jesús, son lo realmente importantes, lo que importa es el amor. Y vaya que Juan tenía un amor fuerte como para soportar las adversidades, y vaya que Jesús se inflama de amor para recibir a los pecadores, para manifestarles misericordia, para darles nueva dignidad. Pero si no descubrimos el verdadero amor estaremos siempre discutiendo qué podemos y qué no podemos hacer, criticaremos cada una de las acciones. Descubrir el verdadero amor nos llevara a dar no sólo sentido a cada una de nuestras acciones, sino a nuestra vida misma. Por eso San Pablo lo coloca por encima de todas las virtudes, porque sin amor lo que es generosidad se puede transformar en manipulación o exhibición, lo que es fe, se puede quedar en terquedad, lo que es servicio, se deforma y pierde su sentido. Ya nos describe con mucha precisión las cualidades del amor: comprensivo, servicial, no tiene envidia, comprende todo, disculpa todo, todo lo cree. ¿Cómo es nuestro amor? Si nos acercamos a Jesús y le decimos que nos inflame de su amor, podremos iniciar este camino bello, de entrega y donación que es el amor.
#15DeSeptiembre ¡Buenos días! Este martes de la XXIV semana del #TiempoOrdinario, compartimos el #EvangelioDeHoy según san Juan 19, 25-27:En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: ""Mujer, ahí está tu hijo"". Luego dijo al discípulo: ""Ahí está tu madre"". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.15 SeptiembreNuestra Señora de los DoloresI Corintios 15, 1-11: “Esto es lo que predicamos y lo que ustedes han creído”Salmo 117: “Te damos gracias, Señor, porque eres bueno”San Lucas 2, 33-35: “Y a ti, una espada te atravesará el alma”María del dolor, María del silencio, María de la soledad. “La Madre piadosa estaba junto a la cruz, y lloraba mientras el Hijo pendía”. Dolor de Madre, dolor de amor, dolor de fracaso y desesperación. Y desde entonces, María, sigues, acompañando a tu Hijo en el dolor de todos los hombres, y desde entonces te haces presente en la incomprensión de la miseria y en la tragedia de los fracasos. María, vivimos en un momento de gran confusión y terribles dolores. Hay muchos hogares que lloran la ausencia del hijo que un día desapareció y que nadie sabe dar razón de su paradero. Hay mamás que se desesperan buscando las huellas de un hijo secuestrado. Hay padres que contemplan al hijo en la cruz de la droga y el alcoholismo. Hay niños huérfanos, sin razones para vivir, porque sus padres fueron víctimas “colaterales del crimen…” Hay dolor, resentimiento y angustia. Y Tú, María de la Esperanza, comprendes el dolor de este pueblo y le puedes enseñar que la desesperación es la peor de las elecciones. Tú, mirando en silencio la cruz, añades a esa cruz salvadora, el silencioso sufrimiento de los inocentes. Has tomado contigo la cruz de Jesús, lo has seguido hasta el Calvario con el corazón desgarrado y hoy nos puedes enseñar que más allá de la cruz y de la muerte, de la injusticia y del crimen, está un Padre Misericordioso que ha resucitado a Jesús y que también a nosotros nos ofrece una vida eterna. No quieres que nos crucemos de brazos, tú nunca te quedaste pasiva e indiferente, nos enseñas que hay que descubrir las ausencias del vino del amor, que hay que llevar el servicio y la alegría al que está necesitado, que hay que encontrar a Jesús que hace días que lo perdimos. Pero nunca caes en el pesimismo y la desesperación. Más allá de las cruces y el fracaso nos ofreces la certeza de un Hijo que es triunfo, fortaleza y redención. Eres María de la Resurrección, eres María de la Comunidad, eras María de la Esperanza. Hoy nos acogemos a ti, cúbrenos con tu manto. María, aquí tienes a tus hijos clavados en sus cruces de injusticias, de vicios y de desesperación, condúcenos a la Cruz de tu Hijo para encontrar Resurrección. María de la esperanza a ti confiamos nuestras familias, nuestros jóvenes y nuestros desaparecidos. Madre dolorosa, danos esperanza.
14 Septiembre 1 Corintios 11, 17-26. 33: “Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen a celebrar la cena del Señor” Salmo 39: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” San Lucas 7, 1-10: “Ni en Israel he encontrado una fe tan grande” Frente a un México pesimista y sumido en grave deterioro de valores, muchos cristianos han optado por la indiferencia y se han quedado de brazos cruzados. Las lecturas de este día cuestionan seriamente esta actitud mirando a Cristo como nuestra única esperanza y quien realmente nos puede mostrar el verdadero camino. La fe de un oficial romano, que considera a Jesús capaz de dar salud y vida a su sirviente, nos abre nuevos horizontes a quienes decimos creer en Él, pero acabamos derrumbados frente a las dificultades actuales. Cristo puede actuar y sigue actuando como lo hizo en aquellos tiempos. Pero Cristo pide, exige, la participación de los cristianos. San Pablo en la primera lectura de este día, habla fuertemente a los Corintios porque si bien participan de la Eucaristía no son capaces de superar las divisiones y las discriminaciones en sus asambleas. La Eucaristía y el seguimiento de Jesús nos tienen que llevar a un compromiso serio de reconciliación y transformación de estructuras que discriminan y destruyen la fraternidad. Los Obispos de México nos dicen: “Los cristianos, confiando totalmente en Jesucristo, y sabedores de la responsabilidad que tenemos de cara al futuro de nuestra Nación, debemos disponernos a colaborar, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en la construcción de una sociedad más justa y solidaria, que nos permita vivir de acuerdo con las exigencias de nuestra dignidad…” Y añaden posteriormente: “Queremos un México que viva reconciliado, alcanzando una mayor armonía e integración en sus distintos componentes sociales y con sus diferentes orientaciones políticas, pero unificado en el bien común y en el respeto de unos y otros” Siguiendo los mismos sentimientos de San Pablo nos exhortan: “No debemos acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente, como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida. El problema de fondo está “en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”. Que nuestras fiestas patrias tengan un gran sentido cristiano y fraternal.
https://youtu.be/BZxAqD4CKMM?si=z3w0KdNFKmDTsR9DLectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35 .- XXIV Domingo del Tiempo OrdinarioPerdón de las OfensasEn aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».Jesús le contesta:«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:“Págame lo que me debes”.El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.Entonces el señor lo llamó y le dijo:“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».Reflexión: "Cuando perdonar es una fiesta"Pedro pregunta a Jesús si debe de perdonar hasta siete veces y este le dice que hasta setenta veces siete, es decir, siempre. Esta respuesta solo se entiende desde otras palabras de Jesús como: "De la abundancia del corazón habla la boca." (Lc 6,45) Pedro tenía en su corazón la letra de la ley, que suele ser vencida por el propio ego, obstáculo para perdonar ofensas. Fijémonos en la abundancia del corazón de María al recibir el anuncio del Ángel: "Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28) En la Escritura Gracia y Palabra son sinónimos; bien sabía pues que María estaba llena de la Gracia (Palabra de Dios), que escuchaba con su corazón, más que con su mente, en la sinagoga desde niña. De ahí que el Ángel le dijese a continuación: "El Señor está contigo"Dios abundaba en su corazón por tanta Palabra guardada en él y por eso la Anunciación culminó con el broche de oro de la Fe: "Hágase en mí según su Palabra" Cuando el corazón de Pedro se llenó del Evangelio de la Gracia (Hch 20, 24) ya estuvo en condiciones para perdonar siempre.P. Antonio Pavía
Como nosotros perdonamos XXIV Domingo Ordinario Sirácide (Eclesiástico) 27, 33-28, 9: “Perdona la ofensa a tu hermano para obtener tú perdón” Salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso” Romanos 14, 7-9: “En la vida y en la muerte somos del Señor” San Mateo 18, 21-35: Yo te digo que perdones no sólo siete veces, sino hasta setenta veces siete” Si el amor logra hazañas admirables, el odio arrastra a profundidades oscuras. Dos grupos antagónicos se odian a muerte. Las agresiones, los orgullos, el recuento de las ofensas, los ahogan, aunque son conscientes que se están destruyendo no es posible alcanzar ningún consenso. Cada quien en su postura, proyectando peores venganzas, sintiéndose agraviado y nadie con una mínima disposición para pedir o dar el perdón. ¿Reconciliación? En algún momento hasta se dieron la mano, pero todo quedó en palabras y pronto volvieron las agresiones. El corazón del hombre se ciega por los odios y los rencores y no le permite ver la insensatez de las venganzas. Se siente agraviados y no miden sus ofensas. En momentos se dicen palabras que sonarían a perdón, pero dichas con sarcasmo e ironía, producen los efectos contrarios. Y así siguen los dos grupos, viviendo en la misma comunidad, pero destruyéndose, mordiéndose, lastimándose aun sin proponérselo. Todo por no otorgar el perdón. Tanto en los tiempos de Jesús como en nuestro tiempo el corazón del ser humano está tentado por el odio y la violencia. Las graves matanzas que estamos sufriendo y que dicen son consecuencias de venganzas entre cárteles rivales, los terribles asesinatos y los horrendos crímenes, no se pueden entender de personas con sentimientos humanos, muchos menos cristianos. Cuando hay odio y rencor el sentimiento de venganza atrapa nuestro corazón, se nubla la razón, se endurecen nuestras entrañas y se cometen los más atroces actos. El odio y el rencor no sólo hacen daño a los otros, sino nos hacemos daño a nosotros mismos. Es como un fruto que se pudre para que otros no lo traguen, pero acaba podrido por dentro. Sólo el perdón auténtico, dado y recibido, será capaz de transformar el mundo. Y no sólo en el plano meramente individual; el odio, la violencia y la venganza como instrumentos para resolver los grandes problemas de la humanidad están presentes también en el corazón del sistema social vigente. Hay pueblos, naciones enteras, que se mueven por sentimientos de odios y revanchas. Quizás la más grande muestra del discípulo de Jesús sea el perdón o, en otras palabras, el amor a los enemigos. Amar a los que nos aman y nos tratan con consideración no tiene ninguna dificultad; pero amar a quien juzgamos que nos ha ofendido, requiere un heroísmo grande y una grandeza de corazón. El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, a obrar con los demás según los criterios de Dios y no los del sistema vigente. Sólo quien se sabe amado por Dios es capaz de amar gratuitamente a los demás, y sólo quien ha experimentado la grandeza del perdón de Dios, será capaz de superar las ofensas y dar de corazón el perdón. Es tratar a los demás como Dios nos ha tratado a nosotros, y muy al revés de lo que nosotros pretendemos cuando somos incapaces de ofrecer siquiera un poquito de lo que hemos recibido. El ejemplo de Jesús es por demás evidente: hemos recibido mil regalos de Dios: la vida, la salud, la familia, el tiempo… y somos malagradecidos ofendiéndolo con nuestros pecados. Recibimos su perdón, solamente porque nos ama. Pero por el contrario, nos sentimos muy indignados cuando un hermano no nos ha ofrecido el saludo, no ha respetado nuestro derecho o nos ha faltado en alguna cuestión. No hay proporción entre el amor que Dios nos otorga y el perdón que debemos ofrecer.
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